09 enero 2011

La hija del granjero

1972
Quien me iba a decir a mí que a estas edades estaría escuchando y leyendo al cantante con voz nasal de vieja desafinada, pero a uno acaban gustándole las cosas que de crío odiabas y eso debe ser por la edad ¿no? ¡ahora me gustan los pimientos morrones fritos con cebolla!
Al Bob le cogí manía porque yo tenía un vecino que andaba todo el día a voz en grito cantando sus temas y yo siempre pensé que era para presumir de que sabía inglés. El tipo, mocete de más edad, te lo encontrabas en el ascensor y era un suplicio, venga a cantar... y solo paraba para preguntar ¡que... no te gusta Bob Dylan!, y a mí la verdad ni me gustaba ni me dejaba de gustar, yo andaba más bien por la CCR o los Zeppelin, y así se lo hacía saber y su respuesta era ¡no tenéis ni puta idea!

Lo que no sabia el pavo era que a mi me molaba el ruido por eso de macarrear, pero también me molaba el Albano, porque en los guateques cuando lo ponían podías arrimar y a esas edades más valía un filete que un disquete (del Dylan por supuesto).
La foto de arriba es para ilustrar la época del vecino coñazo ¡xa choveu vesiño! y la de abajo gran canción y gran historia de Bob Dylan

1964
MOTORPSYCHO NIGHTMARE (pesadilla motosicótica)
Llamé a la puerta de una granja buscando cobijo, estaba muy, muy cansado, había hecho un largo camino y dije:
¡Hey! ¡hey! ahí dentro ¿hay alguien en casa?
Allí en los escalones me sentía desconsolado y entonces salió un granjero, debía pensar que estaba chiflado, me echó una ojeada y hundió su rifle en mis tripas. Caí al suelo de rodillas diciendo:
Adoro a los granjeros ¡no dispare por favor!
El amartilló su rifle y comenzó a gritar:
¡Eres el vendedor ambulante de quien ya he oído hablar!
Dije:
¡No! ¡no! ¡no! soy médico y no miento, soy un chico aseado y además soy licenciado.
Entonces apareció su hija que se llamaba Rita, parecía salida de La Dolce Vita. De inmediato intenté calmar a su padre y le dije que agradable y que bonita era su granja.
Él dijo:
¿Desde cuando entiende los médicos de granjas?
Le dije:
Yo nací en un pozo de los deseos - tal vez por la mugre de mis uñas comprendió que no mentía.
Me dijo no sin malicia:
Me imagino que estás cansado.
Le dije:
Sí, diez mil millas me he hecho hoy.
Él dijo:
Tengo una cama debajo de la estufa, te pongo una condición para ir a dormir ya mismo, que no toques a mi hija y que mañana ordeñes la vaca.
Dormía como un lirón cuando oí una sacudida, allí estaba Rita, igualita a Tony Perkins.
Ella dijo:
¿Te apetece una ducha? te llevaré hasta la puerta.
Yo dije:
¡Oh, no! ¡no! ya he pasado por esto -supe que tenía que largarme pero no sabía cómo.
Entonces dijo:
¿Te apetece esa ducha, si o no?
Bueno, yo no podía irme si aquel viejo no me echaba porque le había prometido que ordeñaría sus vacas. Tenía que decir algo que lo dejara de piedra así que grité:  
¡Me encantan Fidel Castro y su barba!
Rita parecía ofendida pero se quitó de en medio cuando el bajó echo una furia diciendo:
¿Qué es lo que has dicho?
Dije:
Me gusta Fidel Castro, creo que me ha oído muy bien.
Conseguí esquivar el golpe que me lanzó con ganas. Rita masculló algo sobre su madre en las alturas mientras el puñetazo golpeaba la nevera. Él decía que me mataría si no salía por esa puerta en dos segundos exactos.
¡Tú, traidor, médico inmundo, rata comunista!
Me arrojó un Reader's Digest a la cabeza y eché a corre. Salté como un gamo al verlo agarrar su rifle y atravesé la ventana a cien millas por hora aterrizando de lleno en las flores del jardín.
Rita dijo:
¡Regresa! -mientras el cargaba el rifle.
El sol estaba saliendo y yo corría camino abajo, bueno, creo que no volveré allí por un tiempo.
Aunque Rita se ha mudado y trabaja en un motel, él todavía me espera obstinado, siempre en guardia, quiere entregarme al FBI, yo mientras sigo triscando y retozando agradecido "sin libertad de expresión podría estar hundido".
y aquí teneis la música, recomiendo paciencia para escucharlo después de la puta publicidad

P.D. A Rita la localicé años más tarde, creo que en el 80, se había cambiado el nombre, entonces se hacía llamar Sally y trabajaba en un espectáculo de lucha libre y a pesar de haber pasado unos añitos ¡que bien se conservaba la jodía!

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