25 febrero 2008

Ben Gunn


" Y yo era un chico decente y piadoso y podía decir mi catecismo tan deprisa que no sabía distinguir una palabra de otra. Y mira a lo que he venido a parar, Jim. Empecé jugando a las chapas en las losas del camposanto. Así es como empecé; pero luego fuí más lejos que eso, y así me lo decía mi madre, y lo que dijo la pobre mujer todo es verdad.
Pero fué la Providencia la que me trajo aquí. Yo he dado vueltas a todo el pensamiento, aquí, en esta isla solitaria, y he vuelto a la devoción. No me pescarás catando ron, ni tanto así, sino nada más que lo que cabe en un dedal, para dar buena suerte, por supuesto, en la primera ocasión que tenga. Hice voto de ser bueno, y veo el camino de serlo. Y Jim, soy rico."
¡Rico!, ¡rico!
"Tu, Benjamín Gunn -me dijeron-, aquí tienes un mosquete, una pala y un pico. Puedes quedarte aquí, buscar el dinero de Flint y guardártelo".
Bien Jin, tres años llevo aquí y sin un bocado de alimento de cristianos desde aquel día hasta éste. Pero ahora, oye, Jim, mírame: ¿tengo yo facha de un marinero? No, dices tú. Ni lo soy tampoco, digo yo.

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